Javier Ceballos Jiménez: J. D. Barker: El Cuarto Mono

Idioma original: inglés
Título original: The Fourth Monkey
Año de publicación: 2017
Traducción: Julio Hermoso
Valoración: se deja leer


¡Anda que no tenía yo ganas de meterme entre pecho y espalda una buena novela de asesinos psicópatas (la última con la que lo intenté, la tuve que abandonar), con su villano chifladísimo pero más listo que un demonio con sobredosis de azúcar y su trama con más giros y recontragiros que la carretera de Sa Colobra! Su poli atormentado de rigor, sus escenas aquero... escabrosas, su sorpresa final... En fin, que, para mí, sin novela de psicópatas no hay verano (que ya sé que lo que hay que hacer es leer a Faulkner y así, pero mirad, hay un momento para cada cosa, lo mismo que no siempre vas a estar comiendo solomillo Wellington con salsa de Pedro Ximénez y patatas soufflé, sino que a veces apetece una hamburguesa con queso y patatas fritas...).

Lo malo, claro, es cuando la hamburguesa no es de la cadena que te gusta, sino de esa otra que ni fu ni fa, por no decir puaggh... Cuando el artífice de dicha hamburguesa o de la novela de psicópatas asesinos (lo de la hamburguesa es una metáfora supercurrada que me había marcado, por si no os habíais dado cuenta) utiliza todos los ingredientes adecuados y sigue el manual de la cadena de fast-food de turno o el de "Cómo escribir su propia novela megaexitosa de psicópatas asesinos" (seguro que existe algo así) y el resultado es, quizá no puaggh pero sí plof... una sosada, una medianía, una decepción... Bueno, decepción a medias, porque tampoco es que uno esperase encontrar aquí un Faulkner, ni un James Ellroy... vamos, ni siquiera un Thomas Harris, por no salir del subgénero de asesinos psicópatas. Pero está claro que a veces no basta con seguir el manual, y por mucho que este Barker meta su asesino más listo que un demonio, su poli atormentado, sus escenas truculentas, sus giros y recontragiros, el resultado se parece más al cubo de cebo de Placton que a una deliciosa burguer Cangreburguer del Crustáceo Crujiente (igual ya se me ha ido un poco de las manos lo de la metáfora, ¿verdad? Sorry...).

Y el caso es que, a priori, la cosa no pintaba mal, con una premisa interesante: el poli atormentado, Sam Porter, detective de homicidios de Chicago, debe averiguar si un tipo que ha muerto atropellado por un autobús es el Cuarto Mono, el asesino psicópata más listo que etc..., que lleva varios años aterrorizando a la ciudad. Y de paso, tratar de salvar a la que podría ser su última víctima. La narración de la investigación en sí -con sus giros y etc...- se alterna con la transcripción de un supuesto diario, aún más delirante, si cabe, dejado por el supuesto asesino y que constituye en sí mismo casi otra novela, una "narración dentro de la narración", digna por momentos de la literatura pulp más rarita... En fin, tiene su gracia, aunque también ralentiza y entorpece el ritmo de la que sería la línea argumental principal. Tampoco es que se pierda mucho, hay que admitir...

Bueno, tal vez estoy siendo demasiado duro con esta novela. Lo cierto es que, aunque no entusiasma ni sorprende, tampoco despierta el sonrojo y mucho menos, ya digo, la vergüenza ajena (cosa que no ocurre con otras, y bien exitosas, del mismo género). Está escrita con corrección y resulta una lectura ligera y previsible, ideal, supongo, para quien no busca otra cosa que amodorrarse con un libro en la playa o en la piscina. O echar una buena siesta en la hamaca de la terraza en los meses de canícula estival... Eso sí, si, pese a la calor, se quiere leer algo con más sustancia, mejor hacerle caso a Tongoy y dedicarse a Faulkner (Luz de agosto sería lo más adecuado, claro); eso que se habrá ganado.



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