Javier Ceballos Jiménez: Robert Aickman: Las casas de los rusos

Idioma original de los relatos: Inglés
Título original de los relatos: The Unsettled Dust (1968) / The Houses of the Russians (1968) / No stronger than a flower (1968) / Growing Boys (1977) / Ravissante (1968) / The Stains (1985)
Traductores: Arturo Peral Santamaría
                             Irene Maseda Martín
Año de publicación de la antología: 2016
Valoración: Recomendable

Las casas de los rusos es una antología compuesta por seis historias extrañas colindantes con el horror y el misterio. En todas ellas hay un elemento sobrenatural desdibujado, atmósferas angustiosas, tensión que se acumula, pero que no estalla catárticamente, temas y mensajes sugeridos, nunca explicitados, y finales abiertos. Están, también, escritas con oficio y, sobre todo, son originales. No en balde Aickman incorpora en todos los relatos de este libro su inequívoco sello, incluso en aquellos con un regusto más clásico.

"La tolvanera" es un cuento de aparecidos regado con interesantes reflexiones sobre la propiedad. Gira en torno a Clamber Court, casa que pertenecía a dos hermanas aristócratas venidas a menos y que ha sido adquirida recientemente por la Fundación. Un empleado de este organismo convivirá una temporada con las dos hermanas y descubrirá en el proceso los terribles secretos que el polvo y los años no han conseguido borrar.

También hay fantasmas en "Las casas de los rusos". Un agente inmobiliario se encuentra de viaje de negocios en Finlandia. Durante uno de sus paseos, se topa con las residencias de unos cristianos ortodoxos rusos, que en su momento albergaron escenas terribles. Relato bastante convencional, aunque su atmósfera está muy conseguida y es curioso leerlo como una fábula anticomunista, como se nos propone en esta reseña.

En "No más resistente que una flor", una mujer casada se somete a un tratamiento de belleza. El cambio que experimenta es tal que incluso su marido, en parte incitador del mismo, la empieza a percibir con extrañeza. La idea que sustenta este cuento es muy buena, aunque su ejecución flaquee en algunos puntos. Veinte páginas que se podrían haber reducido a dieciocho, porque algunas situaciones se repiten excesivamente, pero que en ningún momento pierden intensidad. Encuentro particularmente enriquecedor el subtexto de liberación femenina de que hace gala esta historia.

"En edad de crecimiento" es una parodia sobre la paternidad que difícilmente puedo asociar con la pluma de Aickman. Cuesta imaginar a un escritor tan refinado pariendo una ficción como esta, a todas luces pretendidamente ridícula. Pero bueno, como no se toma en serio a sí misma en ningún momento, es altamente disfrutable. Personajes, escenarios y descripciones caricaturescas, un tono entre absurdo y onírico. Dentro de su planteamiento y sus intenciones cumple con lo que promete, pero insisto en que se me hizo raro ver este desparpajo en una pieza de Aickman.

"Ravissante" es, para mí, el mejor cuento de todo el volumen. Dividido en dos partes, podríamos decir que la primera, aunque complementaria a su manera, tampoco aporta mucho. Sin embargo, la segunda es excelente. La ambigüedad de Aickman brilla en su máximo esplendor en esas páginas. Un joven visita a la viuda de un pintor belga. Allí sucede de todo, pero, al mismo tiempo, es complicado dilucidar qué ha ocurrido. ¿Una posesión fantasmal, un aquelarre, un mero despliegue de fetichismos varios? Otros autores habrían resuelto este argumento con fórmulas más efectistas, pero Aickman no necesita echar mano a esa clase de artimañas para estremecer al lector.  

"Las manchas" fue premiado en 1981 con el British Fantasy Award. Narra la historia de Stephen, un funcionario de mediana edad que ha enviudado recientemente. Durante su estancia en la campiña inglesa conoce a Nell, una enigmática joven de la que cae perdidamente enamorado. Relato que, a mi gusto, ha sido alargado más de la cuenta, pero que alberga momentos brillantes.

Se nos dice en "Las manchas" que «En estos tiempos, la gente siempre espera respuestas claras, ya sean correctas o incorrectas.» Aviso que aquellos lectores que le exijan eso a un texto, Las casas de los rusos les va a decepcionar. Los que sean capaces de disfrutar de la literatura hermética, en cambio, van a gozar mucho con el trabajo de Aickman.

Por último, querría detenerme en la edición de esta antología. La labor de traducción es impecable (recuerdo que puntualmente había un exceso de locuciones conjuntivas, pero poco más) y la selección de relatos, aunque carece de unidad, se va sucediendo con cierta harmonía escalonada. Además, no es complicado entrever ciertas temáticas comunes a lo largo y ancho de Las casas de los rusos: el conflicto entre la modernidad y la tradición, lo urbano y lo rural, el materialismo y lo espiritual...

En fin: no me queda otra, pues, que dar las gracias a Atalanta por estar recuperando a un autor casi virgen en nuestro idioma.


También de Robert Aickman en Unlibroaldía: Cuentos de lo extraño 


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