Javier Ceballos Jiménez: Semana de la arquitectura y el urbanismo #3: Muerte y vida de las grandes ciudades, de Jane Jacobs

Idioma original: inglés
Título original: The Death and Life of Great American Cities
Año de publicación: 1961
Traducción: Ángel Abad / Ana Useros
Valoración: interesante en cualquier caso, pero imprescindible para interesados


Puede que alguno de nuestros seguidores se haya preguntado a qué viene ese añadido "y el urbanismo" a una semana  dedicada a la arquitectura. Pues aquí está la respuesta: a este libro de Jane Jacobs, que pese a contar con la friolera de casi 60 años ya, se sigue considerando (si hay algún experto en la sala que me pueda corregir, que lo haga) como uno de los más influyentes, sino el que más, de la disciplina urbanística actual, esto es, del estudio y la ordenación de las ciudades y su funcionamiento. Lo cual es aún más significativo pues su autora no era urbanista, al menos de formación. Y más aún cuanto que se atrevía a cuestionar las corrientes dominantes en el urbanismo de ese momento, derivadas de las ideas de "Ciudad Jardín" y de "Ciudad Radiante" o una combinación de ambas -y a los popes del urbanismo americano del momento, como el todopoderoso Robert Moses o el muy respetado Lewis Mumford (que, por cierto, sacó su libro La ciudad en la historia este mismo año de 1961).

No voy a resumir aquí las casi 500 y muy prolijas páginas de este libro, llenas de ejemplos y consideraciones que, en gran medida, posiblemente se nos escapen hoy en día, al referirse a situaciones de hace 60 años en Norteamérica -y en la ciudad de Nueva York, sobre todo-, pero en conclusión podemos decir que la postura de Jacobs se asienta no en la creación de un ciudad ideal, utópica, que funciones perfectamente sobre el papel, con sus áreas bien diferenciadas y en la que sus habitantes utilizaran cada uno de sus elementos tal y como urbanistas y arquitectos han establecido... sin fijarse antes en cómo son realmente las relaciones de los ciudadanos con su entorno y entre sí, cual es el funcionamiento real de una ciudad.  Para esta autora, una ciudad que vital, vibrante, atrayente, cómoda, segura, entretenida y acogedora es aquella en la que sus usos, tipología de edificios, de población rentas, etc... se hallan mezclados en gran medida, con pocas zonas de uso "especializado", no necesariamente con muchas zonas verdes -o no cualquier zona verde- y espacios amplios, y donde la vida de los barrios -entiéndase "barrio" como , a veces, una sola calle o , en todo caso, una calle y sus adyacentes- se lle ve a cabo sobre todo en las aceras, las tiendas y los portales, donde sus habitantes , ya sean vecinos o visitantes de otras zonas, puedan mezclarse y relacionarse unos con otros fácilmente, y también llevar a cabo una vigilancia del espacio público común, para convertirlo en seguro para todo el que pase, y sobre todo para los niños.

En resumen, lo que pretendía Jane Jacobs es que los barrios de las grandes urbes norteamericanas se convirtieran en pequeños pueblos de los países mediterráneos, con sus tenderos cotillas, sus desocupados sentados delante del bar y sus "viejas del visillo" detrás de cada ventana. Ese era el ideal de ciudad moderna para esta urbanista -o socióloga/periodista/ activista metida a urbanista-; parece que sólo ve ventajas en el tipo de comunidad que a algunos nos pone los pelos como escarpias (recordemos lo de "pueblo pequeño, infierno grande")... Aunque estoy exagerando un poco: ella misma se da cuenta de que uno de los mayores atractivos (y activos) de las grandes ciudades es la posibilidad de mantener un alto grado de intimidad, pero asimismo confía la preservación de esta intimidad en este tipo de vecindario al que defiende, basado en su propia calle de Greenwich Village o en el North End de Bostosn, (aunque a veces, siento decirlo, parece que esté hablando del país de la piruleta, no menos utópica que la aséptica Ciudad Radiante de Le Corbusier-; de hecho, su idea de actuación urbana consiste en preservar e incentivar aún más los elementos que contribuyen a crear estos pequeños ecosistemas de buena vecindad, proponiendo incluso una serie de "generadores de diversidad", la palabra clave en todo su discurso urbanístico: combinación de diferentes usos primarios, concentración de la población, manzanas pequeñas con variedad de tipos de edificios con presencia ineludible de edificaciones antiguas, y destierro de todos los prejuicios contra la diversidad urbana -no sólo de funcionalidad o usos sino también de etnias, clases sociales, etc...-, que, ya digo, para ella es la fuente de toda vitalidad de una ciudad.

En mi opinión, lo más interesante de este libro no es tanto los diagnósticos y propuestas que hace Jacobs sobre las ciudades norteamericanas de su tiempo (y que, por cierto, llevó en la medida que pudo a la práctica de forma bastante peleona, consultad si queréis su biografía, pues merece la pena como personaje histórico): ya digo que muchas de sus consideraciones posiblemente se nos escapen hoy en día y más aún a quienes no conocemos de primera mano esas ciudades. Lo importante, creo yo, es que rompió los esquemas teóricos de lo que hasta ese momento se consideraba adecuado, de las idées reçues sobre como debería ser la ciudad y qué era más conveniente para sus habitantes. Ella lo que hizo fue fijarse en la realidad y proponer salvar los elementos de la misma que mejor funcionasen, así como incentivar o tratar de implantarlos donde no los hubiera o estuviesen en trance de desaparecer-y no necesariamente con las intervenciones espectaculares que tanto gustan a los políticos-... Caramba, si ni siquiera se declara totalmente en contra de la presencia del automóvil en los cascos urbanos -¡oh, sorpresa!-, sino de su uso en la medida adecuada, a partir del estudio de los flujos de transporte para no empeorar más aún el tráfico y la emisión de gases con medidas que pretenden lo contrario.

Lo importante de Jane Jacobs, es que, una vez más, se trata de Aristóteles frente a Platón, es Andreas Vesalius escribiendo De humani corporis fabrica,  Billy Beane revolucionando el baseball con los A's de Oakland en 2002... Es una mujer que se atrevió a cuestionar los dogmas inamovibles de los expertos en una materia y comenzó a observar la realidad tal como era, a las ciudades como organismos vivos y a sus habitantes como personas que interactúan, no como si fueran los muñequitos de una maqueta, y su entorno, pulcras líneas en un plano, y no su paisaje diario, su hogar.

"Vecindades urbanizadas delimitadas de manera significativa por su tejido, su vida y las actividades mixtas que son capaces de generar, y no por unas fronteras puramente formales están por supuesto en contradicción con la ortodoxia urbanística. La diferencia es la que estriba en tratar con organismos vivos y complejos, capaces de conformar sus propios destinos, y tratar con asentamientos fijos e inertes, capaces simplemente de custodiar (y no siempre) lo que se ha derramado sobre ellos ".


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