Javier Ceballos Jiménez: Egon Erwin Kisch: ¡Escríbelo, Kisch!
Idioma original: AlemánTítulo original: Schreib das auf, Kisch!
Traductora: Rosa Pilar Blanco
Año de publicación: 1930
Valoración: Recomendable
El reportero Egon Erwin Kisch (1885-1948) luchó como cabo del ejército austrohúngaro en la Gran Guerra. Estuvo en el frente serbio primero y en el ruso después. ¡Escríbelo, Kisch! es su diario de campaña, y abarca desde su movilización en el verano de 1914 hasta el momento en que es herido en la primavera de 1915. Huelga decir que este testimonio tiene un valor incalculable; como documento histórico, por supuesto, pero también en tanto que artefacto literario.
¿Por qué en tanto que artefacto literario? Me explico. En primer lugar, porque puede leerse esta obra como si de ficción se tratara; a ratos, su protagonista recuerda a un personaje salido de una picaresca moderna. Pero, sobre todo, porque la prosa de Kisch es deliciosa. Uno nunca tiene la impresión de estar frente a un texto periodístico. Kisch trasciende el mero registro taquigráfico de los hechos e imprime en ellos factura estilística, bellísimas descripciones, referencias eruditas, ingeniosas observaciones, lúcidas reflexiones y algo de humor desencantado. Todo lo narrado se transmite de un modo directo y vívido. Kisch escribió estas páginas cuando tenía hambre, cuando pasaba frío, cuando estaba bajo fuego enemigo, robándose horas de sueño, con escasa iluminación, incómodo, y esto se nota. Vaya si se nota.
¿Por qué en tanto que artefacto literario? Me explico. En primer lugar, porque puede leerse esta obra como si de ficción se tratara; a ratos, su protagonista recuerda a un personaje salido de una picaresca moderna. Pero, sobre todo, porque la prosa de Kisch es deliciosa. Uno nunca tiene la impresión de estar frente a un texto periodístico. Kisch trasciende el mero registro taquigráfico de los hechos e imprime en ellos factura estilística, bellísimas descripciones, referencias eruditas, ingeniosas observaciones, lúcidas reflexiones y algo de humor desencantado. Todo lo narrado se transmite de un modo directo y vívido. Kisch escribió estas páginas cuando tenía hambre, cuando pasaba frío, cuando estaba bajo fuego enemigo, robándose horas de sueño, con escasa iluminación, incómodo, y esto se nota. Vaya si se nota.
Resulta sorprendente que este diario burlara la censura militar. Y es que Kisch se mofa en él de sus aliados (superiores incluidos), de la idiosincrasia del ejército del cual forma parte, de su patria... No deja títere con cabeza, vamos. La ironía es, junto a las bondades previamente destacadas (su valor testimonial y la prosa con que ha sido redactada), uno de los puntos fuertes de esta obra.
Con tal de preservar la frescura de sus apuntes, Kisch decidió no modificarlos a posteriori. Este apego al material original no lastra en lo absoluto al conjunto. Aunque este volumen tiene pasajes algo lentos o repetitivos, no son demasiado ostentosos y contribuyen a transmitir la honestidad de Kisch. Ojalá quedaran más reporteros frenéticos como tú, Kisch. Falta nos hacen.
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