Javier Ceballos Jiménez: Ibram X. Kendi: Como ser antirracista
Título original: How to be an antiracist
Traducción: Josefina Caball y Blanca Busquets (ed. en catalán) y Cristina Lizarbe (ed. en castellano)
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable
Traducción: Josefina Caball y Blanca Busquets (ed. en catalán) y Cristina Lizarbe (ed. en castellano)
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable
En este blog hemos hablado bastantes veces sobre el racismo, ya sea a través de libros de ficción que tratan el tema de manera más o menos directa, así como también por medio de obras centradas en esta lacra social. Pero pocos ensayos tratan el tema con más profundidad que el que nos ocupa en esta reseña y lo hacen de una manera tan amena y accesible. Veamos qué nos ofrece este magnífico libro.
En un más que interesante prólogo del autor, Kendi ya expone lo que será su línea argumental afirmando que «sabemos ser racistas. Sabemos fingir que no somos racistas. Ahora toca aprender a ser antirracistas». Porque de eso trata el libro, de la presunción de que, en mayor o menor medida, todos somos racistas, aunque «la negación es el pulso del racismo que bate más allá de las ideologías, las razas y las naciones» y que nos es muy fácil ver el racismo en los demás mientras negamos el propio. Y no basta con «no ser racista», pues denota una neutralidad que es la máscara del racismo. El contrario de ser racista no es ser «no racista», sino ser antirracista.
El estilo de Kendi es muy didáctico, muy ameno, con un sentido muy afinado del tempo narrativo y con amplia voluntad de atraer al lector. Con un ritmo constante que mantiene el interés a lo largo de todo el libro, la lectura vuela por el estilo próximo del autor, un estilo que si bien lo encontramos cercano no desaprovecha la ocasión para ser, a la vez, reivindicativo y crítico. Kendi destaca no únicamente por su estilo desenfadado y atrevido, sino también porque la lectura del libro es sumamente ágil en su aspecto más ensayístico; de un didactismo evidente, el autor añade además pinceladas de su propia vida que enganchan al lector y lo ayudan a empatizar con lo narrado. En este aspecto recuerda bastante a Ta-Nehisi Coates, por el tono, el mensaje y el enfoque, pues se basan en propias vivencias para acercarnos al racismo y lo hacen sin dejar de ser críticos con su propia comunidad negra.
La profundidad de análisis del autor, tras tres años de documentación anotada en cuarenta páginas de notas bibliográficas, queda patente al ver cómo está estructurado: dieciocho capítulos correspondientes a cada una de las áreas en los que el racismo se manifiesta: definiciones, conciencia en conflicto, poder, biología, etnicidad, cuerpo, cultura, conducta, color, blanco, negro, clase, espacio, género, sexualidad, fracaso, éxito y supervivencia. Todos los capítulos empiezan con una breve descripción del área a tratar y a partir de ahí el autor desarrolla su exposición. Como se puede ver, el análisis enfoca el racismo desde cada uno de sus flancos, para analizarlo, para denunciarlo, para combatirlo.
Intentando no extenderme, algo difícil a menudo y más cuando se trata de ensayos, sí diré que las diferentes áreas que el autor trata sirven para poner en contexto todo lo que el racismo ocupa e invade en cada uno de los aspectos del día a día. Y ese día a día lo vemos a través de los ojos del autor, pues combina análisis y denuncia con aspectos de su vida y de su evolución, no únicamente de niño a adulto, sino también en una evolución vital desde el racismo al antirracismo. Así, nos habla de políticas racistas, ideas racistas y desigualdad racial, afirmando que «una política racista es cualquier medida que genera o mantiene la desigualdad racial entre los grupos raciales» y hace hincapié en ser claro en este aspecto y decir las cosas por su nombre, sustituyendo eufemismos como «racismo institucional», «racismo sistémico» o «racismo estructural» por «política racista».
Un aspecto muy interesante del libro es cuando habla de la conciencia en conflicto, distinguiendo la mentalidad asimilacionista (que considera que un grupo racial es inferior y defiende programas de enriquecimiento cultural y conductual para desarrollar ese grupo), segregacionista (que sostiene que un grupo racial es inferior y se le debe apartar, pues no puede mejorar) y antirracista (que defiende que no hay grupos raciales inferiores y que hay que reducir la desigualdad racial). Este apartado es clave para entender el racismo y el autor cita a Du Bois sobre la doble conciencia o la conciencia en conflicto cuando explicaba, a finales del siglo XIX, la dualidad entre ser negro y americano como dos maneras de luchar en la vida opuestas y no confluentes.
El autor también nos habla del poder y de cómo «la raza es básicamente un constructo de poder de las diferencias agrupadas que habitan en la sociedad. La raza crea nuevas formas de poder: el poder de clasificar y juzgar, elevar o degradar, incluir o excluir». Así, sobre la raza y la racialización, el autor afirma que «la racialización sirve para el propósito principal de la raza: crear jerarquías de valores» consiguiendo «un doble criterio esencial del racismo étnico: orgullo cuando se ocupa una posición en la escala por encima de otros grupos étnicos y odio cuando se ocupa una posición en la escala por debajo de otros grupos étnicos» y, hablando de grupos étnicos, el autor lo enlaza al hablar de racismo vinculado a la conducta, uno de los grandes males que todos podemos reconocer en nuestra sociedad y que el autor sintetiza afirmando que «es por un sentido racista que se aplica a todo un grupo racial la irresponsabilidad de un individuo. El concepto de conducta de grupo racial es un invento de la imaginación racista».
Kendi nos habla también del racismo de la comunidad negra hacia ellos mismos por la costumbre de parte de cierta población negra en identificar personas ruidosas, toscas, maleducadas como negratas, creando así un espacio entre negros sin darse cuenta que, como todo racismo, ellos también «creaban una identidad grupal» basada no el individuo, sino en las acciones de ciertos individuos, que «a su vez creaba una jerarquía ente negros, como ocurre siempre en la creación de razas». Afirma Kendi que «no clasificábamos las personas ruidosas que resultaba que eran negras en un grupo interracial de personas ruidosas, como hacen los antirracistas. Racializábamos el comportamiento negativo y lo atribuíamos a los negratas, como hacen los racistas blancos, como hacen los racistas negros». Por ello, es crítico con los propios negros por su mentalidad racista hacia ellos mismos, algo que se ha ido manteniendo a lo largo de décadas y que a día de hoy persiste, pues «prácticamente un tercio de los negros todavía expresa la opinión racista de que los negros que sufren necesidades son responsables en gran parte de su condición», algo que el propio Du Bois (al que Kendi acusa de asimilacionista) sostenía cuando hablaba de «la delincuencia y holgazanería entre los propios negros», culpando así en parte a los propios negros de la degradación de su raza por su bajo nivel social. Por ello, Kendi critica las personas negras con ideas racistas antinegras, «asimilacionistas negros que adoran a sus ángeles blancos todopoderosos y se esfuerzan por convertirse en ellos, para ganar su estima, reproduciendo sus ideas racistas». Este aspecto enlaza también con el racismo basado en el color de la piel, y que critica por la tendencia de parte de la población negra de parecer más blanca, ya sea con el tono de piel, ya sea con alisarse el cabello, eliminando dentro de lo posible los rasgos afro. Esto es algo que apuntaba y criticaba también Ta-Nehisi Coates en «Entre el mundo y yo» (donde afirmaba que «el escenario donde ellos se han pintado de blanco es el lecho de muerte para todos nosotros») y que Kendi lo constata de manera objetiva poniendo como ejemplo que hoy en día los productos para aclarar la piel son usados por un 70% de las mujeres de Nigeria, el 59% de las de Togo o el 40% de las de China, Malasia, Filipinas y Corea del Sur.
El autor habla también de racismo de clase, como decir que la gente pobre es holgazana o lo es la gente negra. Hablar de negros del gueto o de purria blanca es racismo de clase y, por ello, lo vincula claramente con el capitalismo, como sistema que contribuye a ello; así afirma que «es imposible saber demasiado sobre el racismo sin entender su intersección sobre el capitalismo». Por ello, sostiene que «las políticas antirracistas no pueden eliminar el racismo de clase sin políticas anticapitalistas. El anticapitalismo no puede eliminar el racismo de clase sin antirracismo». Aquí Kendi sí defiende a Du Bois por su contribución al anticapitalismo antirracista y le añade el componente del género, pues «las mujeres negras y latinoamericanas todavía son quienes ganan menos dinero», lo que hace evidente que hay una intersección entre ambos conceptos.
En resumidas cuentas, Kendi ofrece un análisis ensayístico sobre el antirracismo a la vez que lo intercala sobre su propio viaje de un racismo heredado por una mentalidad, un entorno y una sociedad. Mezclando la historia de su vida con los diferentes aspectos con los que el racismo se pone de manifiesto, el ensayo que ha escrito Kendi es de gran importancia para detectar cada una de aquellas áreas donde el racismo se manifiesta, buscando no únicamente las causas, sino cómo combatirlo, desde su propia experiencia, desde su propia vida, y desde la autorresponsabilidad de que esta lucha depende de todos y cada uno de nosotros identificando a través de datos, a través de actitudes, a través de herramientas de detección los elementos que sesgan la visión que tenemos de parte de nuestra sociedad a la que excluimos mentalmente de nuestra esfera. Por todo ello, el libro que ha escrito Kendi es de gran importancia analítica, pues desglosa en diferentes áreas cada uno de los conceptos en los que el racismo interviene, y con él, afecta la vida de las personas negras, pero también blancas, pues construye un mundo de desigualdades. Y relaciona de manera certera el racismo y esa desigualdad con el capitalismo, el machismo y la homofobia que cuida y protege a un sector reducido de la población que además en gran parte es de mayoría blanca, heterosexual y masculina.
El racismo existe, y me temo que lo hace en cada uno de nosotros. Es posible que no siempre, no en el mismo grado y no en todas las áreas en los que el libro está estructurado, pero sí existe afectándonos en nuestra manera de pensar y de actuar. Y es posible (y deseable) que lo combatamos e intentemos cambiar este constructo mental existente por tradición y por nuestra omisión en el deber de combatirlo, pues «estamos rodeados de injusticia racial, visible como la ley, oculta como nuestros pensamientos personales. La pregunta que tenemos que hacernos cada uno de nosotros es en qué lado de la historia nos situaremos». Y, tal y como afirma Kendi en los agradecimientos, «una multitud de personas, siendo conscientes o no, con buenas intenciones y malas intenciones, han puesto espejos delante de mí que me han obligado a autoexaminarme». Este libro hace lo propio con sus lectores, y ese es el primer paso para el cambio. El resto, depende de nosotros.
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